Unas veces vuelas alto, otras vas rozando el suelo, sintiendo el peligro, unas te sientes libre, sin rumbo establecido y luego te asusta volar sin dirección y escoges un destino, no sabes si es el correcto pero tu vuelo se llena de sentido y eliges la altura adecuada y pones velocidad de crucero, surcando el cielo y atravesando las nubes sin compasión, sin mirar atrás pero en ocasiones todo empieza a temblar, miras a tu alrededor y varia tu forma de volar y te preguntas si escogiste el rumbo correcto, si el Sol está ahí detrás, afortunadamente siempre se cuelan unos rayos justo cuando estabas a punto de dar la vuelta.
Y eliges la altura adecuada y vuelves a poner velocidad de crucero.
MI RINCÓN PERSONAL: "Los más obstinados suelen ser los más equivocados, como todos los que no han aprendido a dudar" (S. Butler)
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lunes, 25 de noviembre de 2013
TURBULENCIAS
Publicado por
Konrad, aunque algunos hombrecillos me llaman Don Victor.
en
lunes, noviembre 25, 2013
1 comentario:
lunes, 7 de mayo de 2012
EL TONTO
Durante mi vida he sido el tonto de muchas cosas, el tonto
de las mandarinas, el tonto de los abrazos, el tonto de los amigos, el tonto de
tirar piedras al mar, … Al recordar esto ha veces siento nostalgia y otras
veces tristeza.
Recuerdo aquella aciaga tarde en la playa en la que mi relación
avanzaba a contrapié, con débiles empujones por una parte, que nunca coincidían
con los frágiles impulsos de la otra parte. Heridos de muerte fuimos al mar, ella
una media naranja y yo una media calabaza frente al mar, el mismo mar que años antes
contempló noches mágicas, que trajo con su brisa el perfume que me enamoro de
ti antes de conocerte y que días más
tarde me vería abrazado a ti en la noche.
En aquella playa, aquella tarde, note como se podría la
sangre de mis venas, como al decir “no” por primera vez , me comportaba como un
autentico canalla, ella se fue alejando por la orilla, no necesitaba ver su
cara, sabía que la arena absorbía sus lágrimas, reprimí mis ganas de correr
tras ella y cogerla de la mano mientras un cuchillo giraba en el corazón que no
hacía mucho había sido suyo.
El poniente enjugó su llanto y regresó cargada de piedras
para el “tonto de tirar piedras”, sonreía con el alma destrozada mientras explicaba
las reglas de aquella absurda prueba, tan absurda que no ocultaba ese último
intento de que las cosas fueran como antes, pero ya nada sería como antes, con
aquellas piedras lancé al mar lo poco que nos quedaba.
Hoy, frente al mar, feliz, enamorado e ilusionado, en esta
misma playa lanzo al mar los fantasmas de aquella tarde en la que me convertí
en el “tonto de no saber cómo dejarlo”.
Publicado por
Konrad, aunque algunos hombrecillos me llaman Don Victor.
en
lunes, mayo 07, 2012
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